Tallada en piedra negra con un acabado que respeta su forma y relieve originales, esta escultura exalta la belleza esencial de la materia. Su superficie posterior revela las huellas del tiempo: estratos, grietas y texturas naturales que contrastan con la intervención humana en su anverso, donde líneas metálicas incrustadas evocan el patrón de una cebra.
El diálogo entre lo orgánico y lo construido convierte a esta pieza en una metáfora visual de la coexistencia entre naturaleza y arte. La piedra, sólida y ancestral, sostiene el brillo del metal —símbolo de la transformación y la modernidad—, creando una composición de gran fuerza poética.
Montada sobre una base pulida, esta obra invita a contemplar la nobleza del material y la armonía entre lo primitivo y lo contemporáneo.
Medidas:
Alto: 35 cm
Ancho: 36 cm
Profundidad: 13 cm


